Tras el éxito del último Café Filosófico (PODEMOS Y EL ESTADO DE LA DEMOCRACIA EN ESPAÑA), la próxima sesión se adelantará al miércoles 18 de marzo y llevará por título NATURALEZA Y CULTURA. Coincidirá con la semana de la Olimpiada Filosófica Nacional, celebrada este año en Salamanca. Os espero!
Colgaré el resumen del anterior Café en los próximos días.
Saludos!
La reflexión no es sólo un medio para llegar al conocimiento, sino que es una materia en sí, la cual hay que educar y estimular. El fin del la Cafetera Filosófica es animaros a convertiros en filósofos. Porque un filósofo verdadero es, quien ante la admiración y la extrañeza, intenta abrirse camino hacia un campo más amplio de conocimiento.
lunes, 2 de marzo de 2015
domingo, 8 de febrero de 2015
CAFÉ FILOSÓFICO Nº 27
IDENTIDAD ACADÉMICA
Pese
a no existir una idea generalizada con respecto a la orientación que
tomaría el Café, ya que la identidad académica es un campo
amplísimo, pronto se creó una interesantísima tertulia reflexiva.
Comenzamos comentando un texto de La universidad a través de sus
alumnos. ¿Se corresponde la
identidad académica con el talante personal de cada uno? ¿O es lo
que estudiamos lo que modifica nuestro talante? Según Álvaro,
ocurren las dos cosas, ya que dependiendo de la identidad de la
persona, así elige sus estudios, pero los estudios también van
modificando poco a poco esa identidad. Para Isabel, sin embargo, es
algo más contextual, ya que no cree que alguien sea capaz de
definir su identidad académica a los dieciséis años. Y por eso
precisamente considera Antonio la escuela como un lugar importante en
cuanto a la formación de la identidad. La escuela debería sacar lo
bueno de nosotros si no tenemos claro lo que queremos ser. Es la que
configura los gustos. Y en este sentido, ¿el centro dota a la gente
de identidad? Para Álvaro el molde no depende del centro, sino de la
persona. Antonio discrepa. Considera que hay centros, tanto pùblicos
como concertados, que sí tienen un ideario.Isabel 1 añade que, en
los centros concertados, ese ideario es la religión. Antonio pone un
ejemplo autobiográfco y nos cuenta que estudió en Maristas y se
considera una excepción con respecto a la mayoría de los
estudiantes de este lugar. Él explica que sí existe cierta
identidad, ya que aún en estos días le dicen: “¡Ah! Tú has
estudiando en Maristas, eres de los nuestros...” cosa que él
niega. Isabel 1 comenta también su experiencia: “A mí, que
estudié en un colegio religioso, intentaron, como hicieron con
todas, convertirme en una señorita. El colegio era femenino. Cuando
llegué a la Universidad Pública se me abrió un mundo. Tiempo
después tuve que cursar unos estudios en la Universidad Pontificia y
fue como una regresión. La manera de dar la clase era diferente.”
¿Y qué aspectos son los que más influyen sobre la identidad
académica? Para Fernando, claramente la familia. Isabel 2 nos cuenta
que su abuelo es del OPUS, y que ella nunca se ha dejado influenciar
por él, aunque reconoce hber tenido el apoyo de sus padres. No sabe
si hubiera reaccionado igual en el caso de que sus padres hubieran
tenido las mismas ideas que su abuelo. Parece que las influencias
familiares, por un lado merman la identidad propia, pero por otro
también pueden llegar a reafirmarla si las ideas son opuestas.
Antonio toca también un punto interesante: el talante de l@s hij@s.
Algun@s parecen más proclives a la disciplina que otr@s, sin ningún
motivo aparente. Aunque también reconoce que los padres influyen
mucho. “Mi madre era maestra y teníamos hábito escolar. Leíamos,
hacíamos cuentas en casa, etc.” Isabel1 cree que el profesor o la
profesora es una figura que también influye muchísimo. Fernando
está de acuerdo. “Los profesores te hacen reflexionar. Hay que ir
más allá de lo que nos hacen pensar.”
No obstante, parece que las formas en la identidad académica han
cambiado. Antes, nos comenta Antonio, te evaluaban cuando te sabías
los contenidos; y si preferías esperar más tiempo, tampoco había
problema. Fernando reafirma lo dicho. Ya no tenemos el concepto de lo
que es conocer, hacemos las cosas para que nos evalúen, y eso ha
cambiado la identidad académica. Paulo Freire hablaba de los
educadores que llenan los depósitos de sus alumnos, los cuales son
evaluados como buenos alumnos siempre que dejen llenar esos
depósitos. ¿Es mejor ser dócil o rebelde? Álvaro matiza que hay
dos tipos de rebeldía: la reaccionaria y la crítica. Isabel 2 opina
que si eres dócil, la identidad no es clara. Antonio opina que
hablar de rebeldía está bien, pero que la docilidad también tiene
su punto de interés. En la vida de la gente dócil se produce cierto
equilibrio, pero no confundamos la docilidad con la sumisión.
¿Y podría quizás anularse la identidad de un niño? Hablamos para
ello del conductismo de Watson. Álvaro no cree que se pueda anular
una identidad manipulando la conducta, porque también existen los
procesos de pensamiento. Antonio cree que lo que nos desagrada en
general de Watson en su prepotencia, pero en el fondo sabemos que
tiene razón, ya que todo lo que nos gusta o desagrada tiene que ver
con un ejercicio constante de refuerzos. Ortega diría más bien
“Somos lo que hacemos y lo que nos pasa”.
viernes, 23 de enero de 2015
CAFÉ FILOSÓFICO Nº 27. IDENTIDAD ACADÉMICA
Este miércoles 28 tendrá lugar el siguiente Café Filosófico, con un tema interesante para tod@s, ya que ¿a quién lo he ha tocado ir a la escuela hace unos años? hay quienes continúan estudiando, quienes lo han retomado, quienes han optado por caminos más prácticos...pero tod@s tenemos una identidad que se ha ido gestando en nuestros años de estudiantes: la identidad académica. Acércate a pasar un buen rato. Puedes hablar, opinar, o simplemente escuchar...disfrutando siempre de la buena compañía en un ambiente de respeto y con algún que otro dulce para picar.
Este miércoles 28 tendrá lugar el siguiente Café Filosófico, con un tema interesante para tod@s, ya que ¿a quién lo he ha tocado ir a la escuela hace unos años? hay quienes continúan estudiando, quienes lo han retomado, quienes han optado por caminos más prácticos...pero tod@s tenemos una identidad que se ha ido gestando en nuestros años de estudiantes: la identidad académica. Acércate a pasar un buen rato. Puedes hablar, opinar, o simplemente escuchar...disfrutando siempre de la buena compañía en un ambiente de respeto y con algún que otro dulce para picar.
sábado, 27 de diciembre de 2014
CAFÉ FILOSÓFICO Nº 26
¿DEJAR HACER O INTERVENIR?
Esta vez tratamos un
tema a abordar desde muchas perspectivas para despedir el año. Con
menos asistentes pero no por ello menos interesante.
Para empezar, comenzamos
hablando de las relaciones abuel@s-niet@s. ¿Han de intervenir
aquéll@s en la constitución de la identidad de ést@s? Ángel
comenzó el turno de palabra diciendo que las influencias de l@s
abuel@s siempre pueden ser positivas. Mariana nos ilustra con su
historia personal y nos pide que le demos su opinión. Su nieta, de
18 años, ha comenzado a convivir con ella en el piso, ya que está
cursando sus estudios universitarios en la ciudad de Salamanca. El
problema es que en la casa de Mariana hay dos normas inqubrantables:
no invadir su espacio y mantener ordenado el baño. Aquí se presenta
el siguiente dilema: la nieta cumple en la universidad, tiene
disciplina... pero se pone la ropa de Mariana, usa su ordenador,
etc.; esto a Mariana le hace sentir feliz como abuela, pero no quiere
consentirlo porque se ve en el deber de enseñar a su nieta cómo ha
de comportarse cuando vaya a vivir a otro lugar. ¿Dejar hacer o
intervenir? Jesús contesta con un dicho africano que dice lo
siguiente: “Para educar bien a un niño se necesita toda una
tribu”. Y explica que l@s niñ@s ven a sus abuel@s como una
extensión de los padres/madres. Álvaro añade además que las
personas tienen comportamientos diferentes dependiendo del contexto
social, y la nieta parece actuar de esa manera debido a la confianza
más que a un patrón de conducta.
Cambiemos ahora de
contexto y pasemos a la decisión de intervenir en el contexto
clínico. Uno de los casos prácticos (reales) que tratamos en este
Café fue el de Marlise Muñoz (33 años), embarazada. Padece muerte
cerebral y está siendo mantenida con vida por el hospital porque
está embarazada y la ley en Texas dicta mantener las funciones de la
madre para salvar al feto. Sin embargo, su marido y su familia
quieren retirar la respiración artificial, pese a que esto dañaría
al feto. ¿Dejar hacer o intervenir? Mariana opina que lo mejor sería
desconectar el respirador, ya que los bebés al nacer tienen que
depender de la madre, y en este caso no sería posible. Álvaro
reconoce que se ve en un dilema a la hora de tomar una decisión, ya
que siempre ha considerado que es la madre quien tiene que decidir si
seguir o no adelante con un embarazo, pero en este caso no existe tal
figura para ejercer esa voluntad. Jesús va más allá y afirma que
la vida tiene que sostenerse por sí misma. Nos dice que la ciencia
modifica los procesos naturales, dándose el gusto de aparentar que
está generando grandes desarrollos. Álvaro está de acuerdo en que
la vida ha de sosternerse a sí misma, pero discrepa en su
pensamiento sobre la ciencia, ya que no cree que sólo aparente, sino
que también soluciona los problemas mundanos. Jesús aclara su
intervención anterior y dice que a lo que quería referirse es a la
atención social hacia ciertos focos de la ciencia que dejan de lado
los problemas mundanos, como el alargamiento de la vida o el
mantenimiento de la respiración en personas legalmente muertas.
Mariana vuelve al meollo de la cuestión hablando de la excelencia
hospitalaria, la cual se mide por el rendimiento (a menos muertes
dentro del hospital, mayor rendimiento). Aprovechamos para recomendar
también un libro relacionado con los temas tratados hasta el
momento: Delicioso suicidio en grupo
de Arto Paasilinna.
Y
para terminar, otro caso práctico en el que se nos plantea la duda
sobre intervenir o dejar hacer: Un paciente de 82 años que está
siendo tratado con hemodiálisis periódica 9 horas semanales en
etado terminal. Últimamente el paciente reacciona con violencia al
tratamiento e incluso se desconecta de los cables. Su esposa quiere
que lo sigan tratando, pues cuando la diálisis se realiza en casa y
con ella cerca él no protesta. Su hija opina igual que la madre,
pues es enfermera y ha visto cómo se trataba a pacientes con peor
diagnóstico. El hospital, en cambio, quiere parar el tratamiento
debido a la calidad de vida del paciente y porque muchos otros con
mejor diagnóstico podrían ocupar su lugar. Los asistentes del Café
optaron por la eutanasia, ¿qué opinas tú?
viernes, 26 de diciembre de 2014
CAFÉ FILOSÓFICO Nº 25
NECESIDADES Y DESEOS EN LA SOCIEDAD
DE CONSUMO
Segunda
sesión de Café Filosófico en la Biblioteca Torrente Ballester. En
este mes de noviembre, tan cerquita del mes de consumo, l@s
asistentes muestran su opinión sobre qué significa para ell@s este
concepto. Para Ángel, el consumo no es otra cosa sino efectuar un
deseo de forma material o inmaterial. Para Isabel, es la compra de
bienes, racional o irracional (a ésta última nos referimos, más
que con el “consumo”, con la palabra “consumismo”). Para
Álvaro, hay una clara diferencia entre consumo y consumismo. El
consumo es la utilización de un recurso, y el consumismo es
priorizar lo material sobre la utilidad. Para Mariana, el consumo se
identifica con la satisfacción de una necesidad, mientras que el
consumismo se identifica con un deseo compulsivo. Asimismo, para Luis
el consumo se identifica con la adquisición mientras que en el
consumismo se confunden las necesidades con los caprichos. Pero,
¿cuáles son realmente nuestras necesidades?
Pilar
asocia lo necesario a lo imprescindible. No obstante, el concepto de
“necesario” ha evolucionado, y también ha hecho evolucionar.
Para Ángel lo necesario está directamente relacionado con lo vital.
Para Inés es un concepto subjetivo y en constante cambio. Y añade
que para cada persona este concepto puede resultar muy variable. A
continuación lo explica con una historia sobre el agua, en la cual
un agricultor que cada día regaba sus tierras con el agua que
transportaba en dos cántaros le dice a su hijo que no son necesarias
para él unas instalaciones de agua corriente, pues podía solventar
su trabajo de este otro modo. Álvaro nos cuenta que para él lo
necesario es lo imprescindible para vivir bien, y dice también que
las necesidades dependen del desarrollo de una sociedad.
Y
hablando del desarrollo de la sociedad, citemos un texto de Adela
Cortina en Por una ética del consumo:
“Existen dos tipos de seres humanos, los que tienen abiertas las
puertas del consumo ilimitado y los que las tienen cerrada. Y en una
distinción de sociedades no menos simplista, las consumistas, no por
eso necesariamente satisfechas, y las que están desearlo serlo, a
las que se les suele aplicar el discutible nombre de sociedades
“subdesarrrolladas” o “en vías de desarrollo”. Se da a
entender con ello que el consumo ilimitado coincide con el
desarrollo, afirmación más que peregrina que tendremos ocasión de
considerar”. Y yo pregunto, ¿Calificamos a las personas según su
consumo? ¿Es el consumo sinónimo de desarrollo? Para Álvaro, el
desarrollo es simplemente la progresión hacia una vida mejor. Luis
opinaba que un país es desarrollado si es capaz de producir la
felicidad de la mayoría de los individuos. Antonio en cambio piensa
que es el PIB lo que mide el desarrollo de una sociedad, ya que el
consumo está ligado indefectiblemente al mercado y el mercado tiende
a confundir la necesidad con los deseos, por la sencilla razón de
que las necesidades son limitadas y los deseos son infinitos. Ángel
es tajante en su opinión de que el consumo no es sinónimo de
desarrollo, ya que depende de la madurez. Y no cree que una persona
esté más desarrollada por poseer más poder económico. Inés nos
dice cómo en esta sociedad se valora a las personas por la capacidad
de producción. Y Antonio apoya esta sentencia afirmando que no
producir coloca a las personas en la periferia del sistema. Parece
que un@ ya no tiene derecho a encontrar la felicidad en algo ajeno al
trabajo y la satisfacción de deseos, los cuales confundimos, cada
vez más con las necesidades.
“Aseguraba
Marcuse que los individuos no son autónomos, sino que están
totalmente controlados a través de las necesidades que se les
imponen. La razón instrumental, manipuladora, controla a los
individuos a través del consumo impuesto”. (Adela Cortina).
Como
dijo antonio en el Café, sólo cuando se ha inventado el fármaco,
se inventa el síndrome.
martes, 4 de noviembre de 2014
CAFÉ FILOSÓFICO Nº 24
PENSAMIENTO CRÍTICO
¿Qué
es el pensamiento crítico? Tras tomar asiento y energía con algunos
de los dulces que se ofrecían en la sala, comenzó el diálogo entre
l@s diferentes comensales. Ángel fue el primero que se lanzó,
comentándonos que para él, el pensamiento crítico es la valoración
de algo o alguien realizada de manera objetiva. A lo que Luis
respondió con un tono un tanto irónico que a los españoles nos
encanta ser objetivos pero siempre poniendo nuestro punto de opinión
en la oratoria. Álvaro no descarta la objetividad, pero añade que
no basta con eso, ya que la subjetividad también merece ser
valorada. Sagrario deja de lado el plano objetividad/subjetividad y
ofrece como definición del pensamiento crítico aquella manera de
pensar abierta, no dogmática, sujeta y capaz de revisión. Antonio
apoya esta definición y dice además que el pensamiento crítico es
un pensamiento que se cuestiona y abierto a ser, de hecho,
cuestionado. Pero nos hace una pregunta: “¿puede haber algún
pensamiento que no sea crítico?” ya que pensar, aclara, significa
cuestionar lo que nadie cuestiona.
Parece
que, si en elgo están tod@s de acuerdo, es en que es esencial
hacerse preguntas para pensar de un modo crítico. No obstante, ¿se
educa a las personas para que aprendan a formular preguntas o
solamente para que respondan?. Robert Fisher, en su obra Diálogo
creativo. Hablar para pensar en el aula
decía lo siguiente: “Si los niños están siempre en el extremo
receptor de las preguntas es posible que no aprendan a formularlas
por su cuenta (…) Tenemos que utilizar las preguntas para comprobar
lo que saben los niños, pero también para estimular su pensamiento,
su aprendizaje y su formulación de preguntas.” Ángel cree que se
limita la capacidad de reflexión. Luis cree que en la sociedad a la
que pertenecemos crecemos siguiendo normas y una vez que vamos
conociendo y comparando más datos, estos datos terminan por
contradecirse. Para Sagrario, la forma de actuar de los padres tiene
mucho que ver en este proceso que impide a los más pequeños hacerse
preguntas. Cree que padres y madres tienden a dar continuamente
respuestas que cierran un proyecto. L@s niños son borbotones de
preguntas, y tanto las familias como el sistema eduativo tienden a
tapar esos borbotones, a evitar que se extiendan. Y la tapadera tiene
forma de currículos y programas que se imponen en los centros
educativos. De este modo, damos los procesos por concluídos. Álvaro,
como alumno, también ha visto reprimida su curiosidad cuando en
ciertas clases terminan por contestarle “esto es así porque sí”.
Antonio, en cambio, no cree que la curiosidad de much@s genere
crítica, sino cotillas. Dice que el motivo por el cual la curiosidad
no fomenta la actitud crítica es porque siempre recibe una
respuesta, y las respuestas no se reciben, sino que hay que ir
siempre tras ellas. Sin embargo, Sagrario rompe una lanza por la
curiosidad en el sentido aristotélico o popperiano como las ganas de
conocer. El pensamiento crítico, en este sentido, es como un hambre
que nunca cesa, pero que hay que satisfacer de manera continua.
Ángel
va más allá y nos dice que no se tienen en cuenta modelos
alternativos a los impuestos, y esto frena tajantemente el
pensamiento crítico porque sólo interesa la productividad. La
sociedad discrimina a la gente que opta por un camino alternativo a
esta productividad. Eso nos recuerda a Herbert Marcuse en Eros
y razón dialéctica cuando
escribía “La libertad ha quedado radicalmente adulterada, y lo que
se desea ya nada tiene que ver con lo que uno es, sino con lo que la
producción necesita (…) y la satisfacción de los deseos es algo
que el sistema productivo fácilmente logra, ya que en esa
(pseudo)satisfacción se cumple el fin del sistema mismo: su
indefinido mantenimiento.” Antonio explica que a veces confundimos
lo que queremos con lo que no queremos, ¿queremos medrar en una
empresa o tener tiempo para disfrutar de nuestro tiempo? Ésa es la
clave, aprender a diferenciar lo que queremos de lo que el sistema
quiere de nosotros.
Gracias
a tod@s l@s asistentes y nos vemos el 26 de noviembre con el tema
“Necesidades y deseos en la sociedad de consumo”.
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